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lunes, 15 de noviembre de 2010

HERMANAYATES: ¿cuántas cosas sé?

Sí señores, somos seres débiles. Cuanto antes lo comprendan, mejor será. Creemos en la fortaleza de los demás y tropezamos sin cesar en la misma piedra. Nos negamos a ver. Quizá estemos ciegos. Nos declaramos infelices por defecto y damos por sentado que toda la multitud que nos rodea es feliz. No sabemos. A veces no queremos saber. Vivir en la ignorancia es todo un ejercicio de felicidad. Porque cuando uno descubre la realidad, le pegan tal patada en los cojones que no se puede levantar del suelo. (Las patadas en los cojones duelen mucho, mamá. Creo que el símil es un dolor de regla de cinco minutos.) Pero te levantas del suelo. Lo haces porque no queda otra. Porque la historia es así. No la he inventado yo, diría alguno de esos cantantes de los 70 con flequillo al estilo Elvis. Por cierto, ellos también eran infelices. Lo que ocurre es que sabían disimular muy bien. Eran un grupo de mentirosos melosos. Como tú y como yo, que pensamos que el dolor se lleva por dentro, como el páncreas o el esófago. No sé si es realmente bueno hablar demasiado de lo que te duele. Por descontado que es malo sacar el páncreas a pasear. (Aunque quién soy yo para hablar de lo que es bueno o malo.) Yo, por mi parte, he decidido callar. Y callo. Es mi naturaleza. Mi padre me concibió así. Mi madre no habla sobre cómo me concibió así que supongo que tampoco le gusta hablar. Y no lo hago porque crea que quien calla otorga sino por una cuestión de intimidad. Ésa que me gusta compartir sólo contigo. No obstante, el hecho de que haga una cosa no quiere decir que piense que sea lo mejor para un delicado estado de salud emocional. Mis reducidos años de vida me han enseñado que hay gente que ha nacido para escuchar. No sé. Tienen esa jodida virtud. No les ha tocado ser guapos, o cantar bien ópera, no; ninguna de esas mierdas: les ha tocado saber escuchar. Benditos ellos. Y no hablo de ésos que te hacen creer que lo que cuentas es interesante, no. Yo soy consciente de que una gran parte de las cosas que salen por mi boca son auténticas estupideces. Para más señas, muchas veces me arrepiento de lo que digo. Sobre todo cuando hablo contigo. Los superhéroes de los que hablo son seres que te escuchan y sienten lo que escuchan. Si a ti te duele, a ellos también. Supongo que será porque tú les dueles. Toda esta charla es un pretexto para decirte que no sé si eres un ser de los que calla, pero quiero que sepas que sé que eres débil, sé que me dueles y sé que yo no he nacido con la virtud de escuchar pero puedo intentarlo, porque tomaré ejemplo de esos superhéroes que me rodean... (Silencio.) Joder, cuántas cosas sé.

1 comentario:

  1. Te encontré :) (gracias por seguir el mío también)

    .... y como no podía ser de otra manera... me encantas.

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